La obra mas grande del
mundo en mis manos, en ése molde el cual laboriosa voy armando con los tropiezos
y asperezas de una inmadurez cándida. Hay que ver como derramas esa mística belleza
y como en la misma coyuntura te desvaneces en mis lágrimas. Porque me regalas
tu serenidad en un momento y me niegas
la eternidad de tu algazara infinita. En el tropiezo de tu cátedra voy forjando
mi entereza y voy soñando en mi instante palurdo en la inmortalidad de tu
existencia.
LA VIDA
Sandra
Rubio
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